Fueron los proyectos de natalidad los que implementaron los procedimientos de AQV, el cual significa Anticoncepción Quirúrgica Voluntaria; en pocas palabras, una esterilización bajo información y consentimiento de la persona que se someterá a la operación. Por un lado, en el mundo los planes de control poblacional dirigido hacia la población más vulnerable no eran pocos durante el siglo XX. Según Boesten (2007), normalmente implementados con motivos del progreso económicos, sociales y de salud, estos proyectos los cuales fueron motivados por “el temor y la degeneración racial” (1) fueron impulsados por los mismos gobiernos o por organismos internacionales. Por otro lado, fue en la década de los 90 en el Perú cuando se implementó un proyecto de control poblacional mayormente en la sierra centro. Este proyecto consistió, en la mayoría de los casos, en esterilizar mujeres. Como es de conocimiento público, este plan no cumplió con los procedimientos básicos de la AQV. Según el Informe Defensorial No 69 (2002:136), fueron más de 272 mil mujeres esterilizadas y actualmente, existen 2074 denuncias firmes, y en el REVIESFO (Registro oficial de Víctimas de Esterilizaciones Forzadas) existen más de 8 mil denuncias en proceso.

Comparando dos perspectivas del caso de las esterilizaciones forzadas encontramos dos libros. Por un lado, en el año 2017, María Cecilia Villegas, esposa de un exministro fujimorista, escribió el libro La verdad de una mentira, el cual trata de demostrar los supuestos “mitos” de las esterilizaciones forzadas. Según este libro, las esterilizaciones forzadas no fueron ni “forzadas” ni “masivas”. Sin embargo, según el “fack-checking” realizado por Ana Muñoz, “el libro no es académicamente adecuado ni en forma ni en contenido, que no desmiente los mitos que supuestamente denuncia y que, al contrario, es un claro ejemplo de negacionismo”. El libro de Villegas (2017) cuenta con diversos errores en la normativa, como en la estructura de sus citas y bibliografías, lo que puede llevar a pensar que pudo haberse escrito no exhaustiva, pero sí rápidamente para ser presentado. Cabe recalcar que dicha “investigación” fue utilizada como defensa de Fujimori en su proceso judicial. En contraposición, el libro Memorias del caso peruano de esterilización forzada, publicado por Alejandra Ballón en 2014, el cual recopila cuatro artículos de investigadores destacados los cuales desarrollan ámbitos fundamentales para entender el caso de las esterilizaciones masivas. El primer artículo fue escrito por Christina Ewing y presenta al plan de esterilizaciones como una política de Estado. El segundo artículo que fue escrito por Gonzalo Gianella enfoca su análisis hacia la presión que recibían los médicos por parte del Ejecutivo. El tercer artículo, escrito por Gabriella Citroni, presenta un enfoque legal, en relación a que el programa de las esterilizaciones deba ser tipificado como “crimen de lesa humanidad”. Por último, el cuarto artículo fue escrito por Giulia Tamayo, la cual fue la primera investigadora en presentar las primeras denuncias sobre el caso a finales de los 90, critica que luego de 25 años desde su inicio, aún no se haya podido sancionar a los gestores del proyecto y busca “su reconocimiento como ilícito contra el derecho internacional, a fin de que como tales sean perseguidos judicialmente y se satisfagan los derechos de las víctimas” (Ballón 2014:216). Asimismo, la última mitad del libro presenta los testimonios recopilados por Ballón de diversas víctimas, el cual demuestra los severos daños físicos como psicológicos de la esterilización. Estas fueron las dos perspectivas de dos investigadoras, las cuales demuestran que existe una diferencia sustancial entre ellas: la búsqueda de la verdad con evidencias.

En el presente ensayo se plantea desarrollar el caso de las esterilizaciones forzadas ocurridas en la década de los 90. Por un lado, se presentará al Programa Nacional de Salud Reproductiva y Planificación Familiar siguiendo cuáles fueron las decisiones políticas que llevaron a implementarlo y cómo se llevó a cabo el proceso de las esterilizaciones en la práctica. Por otro lado, se expondrá el proceso de judicialización del presente caso, presentado casos emblemáticos, además se desarrollará el tema de las audiencias del caso que lleva más de 25 años.


Fue en 1996 cuando se inició con la implementación del Programa Nacional de Salud Reproductiva y Planificación Familiar, en adelante PNSRPF, el cual fue ejecutado durante el gobierno dictatorial de Alberto Fujimori y que actualmente cuenta con un proceso abierto y con varias y varios afectados. En primer lugar, este programa incluyó las distintas decisiones políticas de diversos personajes durante los años 90. Por un lado, fueron varios los actores estatales los cuales formalizaron y dieron marcha a este proyecto que durante 1996 al 2000 incurriría en varias irregularidades. La excongresista Tania Pariona afirma que “este programa de esterilizaciones fue una política de Estado aplicada de manera vertical, con directivas dadas desde el Ejecutivo, que la cumplían el Ministerio de Salud, médicos, administrativos y asistentes, usando la estrategia de reclutar a las mujeres casa por casa o conducirlas bajo engaño y coacción [para esterilizarlas]" (Schuster 2017). Lo que se deduce de lo mencionado por la excongresista es que fueron varios los actores que estuvieron involucrados en el proceso de aplicación de este programa, de manera directa como indirectamente. Tal como lo recalca el Poder Judicial en las audiencias que transcurren en la actualidad, entre los principales gestores de esta política estatal se encuentra al exmandatario Alberto Fujimori, junto a sus exministros de salud de su segundo gobierno: Eduardo Yong Motta, Mariano Costa Bauer y Alejandro Aguinaga Recuento, actual congresista electo por Fuerza Popular para el periodo 2021-2026. Además, el sistema político peruano centralista de aquella época conllevó a que las decisiones recaigan, casi siempre, en Fujimori. Es más, varios oficios demuestran que el MINSA respondía directamente a Fujimori cada mes. (Montoya y otros 2014:314). Es entonces claro que el exdictador tenía conocimiento de los diversos programas aplicados en aquella época, tanto como el ente regidor de la salud peruana, MINSA, y los médicos tratantes.

Del mismo modo, en principio, como lo recalcó el fiscal Espinoza en la audiencia de sustentación de cargos contra el exmandatario, Fujimori buscó con este proyecto la reducción de los niveles de la población pobre en el Perú, disminuyendo los índices de natalidad. Esto como objetivo del incremento de PBI y lograr el crecimiento de la economía que el mandatario tanto buscaba (Ballón 2014:3). Estos métodos anticonceptivos estaban dirigidos a cierto grupo poblacional peruano. Montoya y otros (2014) afirman que el proceso de AQV (Anticoncepción quirúrgica voluntaria) se planteó para esterilizar a la mayoría de mujeres de “zonas pobres, andinas, rurales y quechuahablantes” (319).

Por otro lado, el PNSRPF constituyó una serie medidas que a lo largo de su vigencia son totalmente cuestionables, debido a que, como abordaremos más adelante, no se respetaron leyes pro derechos humanos. En febrero de 1996, se promulgó el Decreto Ministerial N° 071-96-SA-DM, el cual aprobaba el 'Programa de Salud Reproductiva y Planificación Familiar 1996 - 2000'. De este modo, “el PNSRPF se presentó como legal en tanto política de salud pública siendo esta en realidad un programa de esterilizaciones masivas” (Ballón 2014:3). Asimismo, fueron varios los documentos que se recopilaron, los cuales evidenciaban el establecimiento de 'metas' para esterilizar a las mujeres por parte de los médicos. CLADEM, grupo feminista que busca el bienestar de los derechos a las mujeres, junto Giulia Tamayo presentaron un informe, el primero en su época, el cual presentaba pruebas de que el “Programa de Planificación Familiar” contaba con un “sistema de cuotas” impuesta por el Ejecutivo, además que corroboró el coaccionar de los médicos para obtener pacientes para ser esterilizadas de manera irregular y cuestionable. (Boesten 2007:17). De este modo, se concluye que la implementación de metas específicas en el proceso de esterilización no tuvo como principal objetivo salvaguardad la salud de las mujeres y hombres, sino más bien concluir rápidamente con el proceso para obtener un beneficio a corto plazo: “crecimiento económico”.

En segundo lugar, el proceso de las esterilizaciones forzadas constituyó un hecho sumamente nefasto en términos de violación de los derechos humanos por parte del gobierno del ex dictador, Fujimori. Estos hechos constituyeron, como se mencionó anteriormente, una política de Estado hacia las poblaciones andinas y analfabetas. Para Alejandra Ballón, el proceso de esterilización forzada fue “el mayor genocidio que se ha dado en la población rural, de mujeres, que haya sido cometido por el estado peruano desde la colonia” (Entrevista RT citado en Tur Murillo 2018:1). Asimismo, el proyecto de planificación familiar que buscaba esterilizar a la mayor parte de mujeres se produjo en zonas alejadas de la Lima centralizada. Las principales regiones en las cuales concentraron el mayor número de damnificados fueron las que se encontraron en la sierra central, específicamente en las más pobres, y algunas de la costa, alejadas de la capital (Ballón 2014:4).  En específico, se hace referencia a Huancavelica como una de las zonas en la cual se registraron el número más alto de AQV, forzadas en su mayoría y con lesiones graves hasta la muerte, ya que es la región que cuenta con el índice de educación más bajo en todo el país (Mantilla 2001:19). Este dato nos contextualiza en el proceso en el cual se realizaban dichas operaciones: sectores poblacionales analfabetas, sin educación escolar y, mayormente, quechuahablantes, entre otras lenguas nativas.

Por un lado, varias fueron las víctimas de las esterilizaciones forzadas las cuales relataron que los médicos utilizaban diversas formas en que las azuzaban para realizarse el procedimiento de AQV o vasectomía. Montoya y otros afirman que “se hace referencia a mecanismos de amenaza de prisión por negarse a someterse a tales prácticas; a mecanismos fraudulentos, esto es, aprovechando otro tipo de intervención sin mediar consentimiento alguno; a mecanismos de chantaje condicionando el beneficio de un programa social al sometimiento de tales prácticas o el acosamiento de parte del personal médico” (2014:319). Lo que se puede entender tras esta cita y la información sobre las cuotas establecidas, anteriormente mencionadas, es que los médicos necesariamente buscaban cumplir con estas metas establecidas por el Ejecutivo. Esta información la confirma, Málaga (2013:521) afirma que los médicos, enfermera también, recibían “incentivos” por parte del Ejecutivo por su “productividad”, además que si no cumplían con las metas o cuotas establecidas podrían perder su trabajo en el centro de salud. Estas son evidencias de que había una línea vertical desde el Ejecutivo junto al Ministerio de Salud hacia los médicos y estos hacia las victimas esterilizadas.

Por otro lado, este desastroso plan que finalizó aproximadamente en el año 2000 dejó a muchas mujeres afectadas y fallecidas, aunque también se ubica a un gran número de hombres, las cuales fueron sometidas por engaños y hasta forzosamente a ser esterilizadas. Según un informe DEMUS (2008), se realizaron durante los años 1996-2001 más de 272 mil ligaturas de trompas y más de 22 mil vasectomías, publicado en el Informe Defensorial 69. Estas cifras, pese a no ser totalmente exactas, demuestran una desigualdad evidente, ya que el número de mujeres esterilizadas supera 22 veces el número de hombres que se sometieron a la vasectomía. De la Cruz (2018) también afirma el hecho, menciona que “en el caso de las esterilizaciones forzadas, la dominación cultural, política y económica se manifiesta en que esta práctica tuvo un perfil: las personas afectadas fueron en su mayoría mujeres, indígenas, que vivían en condiciones de pobreza” (110); además, ella cita a De La Candela (1992) para afirmar que para el Estado la mujer indígena es el “último eslabón en la cadena de subordinaciones” (110). Se deduce entonces que fueron las mujeres indígenas las más afectadas tras este plan del estado.

 

Llegada la nueva década de los 2000 y concluido el mandato de Fujimori, el caso de las esterilizaciones forzadas empieza un proceso de investigaciones, tanto en el Poder Judicial como en el Congreso y organismos no estatales. En primer lugar, son varios los testimonios y casos de víctimas que relatan la terrible experiencia que vivieron. Entre estos encontramos los casos emblemáticos. Son dos los casos emblemáticos en llegar al CIDH. El primero, el caso de Mamérita Mestanza, como lo reporta la organización CEJIL. Ella fue una madre campesina la cual fue acosada y amedrantada por parte de los médicos para que se sometiese al procedimiento de AQV. Ella no recibió información sobre las posibles complicaciones de la operación, además que tampoco un cuidado postoperatorio. Relata su esposo que, aun sintiendo dolor, Mestanza fue enviada a casa y fue hasta ocho días después que falleció por una infección. Fueron organizaciones como DEMUS y CLADEM las cuales llevaron su caso a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos denunciando al Estado peruano. Fue en el 2001 cuando este organismo resolvió con un Acuerdo de Solución Amistosa (ASA), en el cual el Estado peruano asumía la responsabilidad internacional y se comprometía a investigar y sancionar a los responsables, así como reparar económicamente a la familia de Mestanza. Hasta la fecha, menciona María Ysabel Cedano en una entrevista, “el Estado peruano no ha cumplido con el ASA (…), no ha reparado en salud y no ha indemnizado a las víctimas” (2021). Los familiares de Mamérita Mestanza aún buscan justicia. Asimismo, el segundo es el caso de Celia Ramos, una madre piurana la cual la cual fue acosada y esterilizada sin su consentimiento. Su caso llegó a la CIDH en 2019 por insistencia de la organización DEMUS y su familia al no encontrar justicia en las investigaciones del Poder Judicial. En la última audiencia de la Corte IDH, la abogada María Ysabel Cedano, representante de DEMUS, indicó que “Celia Ramos no murió, a ella la mataron quienes ordenaron las campañas de ligaduras de trompa en postas de salud en zonas de pobreza para cumplir con metas y cuotas, sin garantizar consentimiento informado, libre y por escrito” (2021).  Se acusó así a Alberto Fujimori y otros funcionarios como el responsable directo de la aplicación del PNSRPF que “asesinó” a Celia Ramos. Así como las anteriores nombradas, están Alejandra Aguirre Auccapiña, Reynalda Betalelluz Aguilar, María Espinola Otiniano, mujeres que fueron sistemáticamente acosadas por parte de médicos y sometidas al proceso de anticoncepción quirúrgica sin previa información y consentimiento.

En segundo lugar, la investigación fiscal sobre el caso de las esterilizaciones forzadas inició el 2002 y tras 25 años de haberse implementado, aún no se ha condenado a los principales gestores. El proceso de investigaciones del Poder Judicial recopiló 2074 denuncias, además existen más de 8 mil denunciantes en proceso de acopio en el REVIEFO (Registro oficial de Víctimas de Esterilizaciones Forzadas). Sin embargo, pese a que se presentaron evidencias junto a los testimonios de miles de víctimas, el caso fue archivado en 3 ocasiones a lo largo de estos años. Según concluyó el cuestionado informe del fiscal Marco Guzmán Baca para el archivamiento del caso en 2014, argumentó que los actos que se cometieron no representan delitos contra la vida, cuerpo y la salud ni crímenes de lesa humanidad, además que también decidió no denunciar penalmente a Fujimori junto a otros funcionarios. Sin embargo, Montoya y otros, concluyen que “los casos de esterilizaciones forzadas deben ser calificados como crímenes de lesa humanidad” (2015:320). Ellos argumentan que el proceso sistemático de esterilizaciones se justifica con la evidencia de testimonios por parte de miles de mujeres y casos de muerte a causa de este proyecto, así como informes que presentan las irregularidades que se cometieron, conocidas por los altos funcionarios del gobierno.

Finalmente, no fue hasta febrero de 2021 que el proceso fue reabierto y actualmente contempla la sustentación de cargos y pruebas contra los acusados. La investigadora Ballón concluye que "las columnas de la resistencia frente al caso de las esterilizaciones forzadas en el Perú, erigen las más profundas carencias humanas: la corrupción, el abuso de poder, la discriminación, el clasismo, el racismo, el machismo, la misoginia y en suma el desprecio por una cultura que sobrevive a pesar de los coloniales intentos de exterminio, el pueblo indígena" (2014:15). De este modo, en las actuales audiencias, el fiscal Pablo Espinoza califica a Alberto Fujimori como el “máximo y principal responsable de las muertes y lesiones” de miles de mujeres campesinas e indígenas, víctimas de este proceso masivo de esterilizaciones forzadas. Además, también se implica a sus exministros como a otros funcionarios por ser “autores mediatos del crimen contra la vida, cuerpo y salud”. Todos los cargos se sustentan en severas violaciones a los derechos humanos en los que incurrió el Programa Nacional de Salud Reproductiva y Planificación Familiar que implementaron los acusados en busca de un supuesto crecimiento económico, pero con un trasfondo racista y clasista ante una población campesina e indígena que se erigía en zonas de la sierra y selva.

 

En síntesis, fue la implementación del Programa Nacional de Salud Reproductiva y Planificación Familiar lo que dio inicio a una política sistemática de esterilizaciones forzadas en los 90. En primer lugar, en el ámbito del PNSRPF, se desarrollaron las decisiones políticas que dieron inicio, además de cómo es que este programa desarrolló el proceso de esterilizaciones. En segundo lugar, en el ámbito de la judicialización de esta política estatal, se presentaron casos emblemáticos de víctimas, asimismo, se desarrolló el proceso de las audiencias del caso que lleva más de 25 años sin una resolución final. El proceso masivo de esterilizaciones forzadas constituyó graves violaciones a los derechos humanos contra miles de mujeres campesinas e indígenas, en su mayoría, las cuales viven con severas consecuencias a causa de las irregulares intervenciones quirúrgicas implementadas por este programa. Estas mujeres víctimas la política de Estado implementada durante el régimen de Fujimori buscan justicia y reparaciones hasta ahora. Tal como lo afirma Amnistía Internacional Perú, la búsqueda por la justicia, verdad y reparaciones por parte de las mujeres víctimas no concluirá hasta que “finalmente culmine con la acusación y juzgamiento de los responsables de estas graves violaciones a los derechos humanos, en todos los niveles” (2021:2). Luego de este análisis, surgen las siguientes interrogantes: ¿cuáles son los efectos, tanto los daños físicos como psicológicos, que dejó este proceso de esterilizaciones forzadas en la vida cotidiana de las víctimas?, ¿cuáles son los motivos por los que aún no se ha condenado a los gestores que implementaron este programa es esterilizaciones forzadas o por qué ha sido archivado constantemente?

Minaya Ñontol, Arian Gabriel


III. Bibliografía

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http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/trab_eventos/ev.10836/ev.10836.pdf


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